Lucas Egea: «Ser artista no es fácil, te asaltan las dudas»

Abro mi sección de entrevistas con Lucas Egea, un ilustrador de 28 años nacido en Barcelona a quien conozco desde hace unos años «gracias» a una afición YouTubera en común. Desde pequeño, por influencia de su padre, ha estado muy expuesto a TBO, Mortadelo y Filemón, Mafalda, Súper López y a todo tipo de cómics. Más adelante, descubrió el manga y publicó cómics de este género hasta 2015, lo cual lo convierte en uno de los primeros autores de manga en español. Además de estos mangas, también es autor de dos webcómics en Line Webtoons: Clarence the Weirdo y Connections.

Actualmente, Lucas estudia en la Escuela de Artes Gráficas JOSO de Barcelona. Podéis seguir su trabajo desde su cuenta de Instagram (@lucas_egea_art).

¿Cómo definirías tu estilo?

Mi estilo todavía está en construcción, pero diría que se acerca a los dibujos cartoon norteamericanos de los años 60: líneas picudas, mancha de color, mucha textura y personajes con diseños muy llamativos. Como tantos artistas milennials, sin embargo, tengo de base el manga, el lugar de donde vengo, como muchos otros dibujantes de mi generación. Con los años he hecho evolucionar el estilo manga a algo más cercano a la animación de Cartoon Network, con influencias de otros artistas como Stephen Silver, Ryan Heshka, entre otros. Ahora mismo, mi estilo es un híbrido entre manga, cartoon americano de los años 60 y rasgos estilísticos de cosecha propia.

¿Cuáles son tus influencias y referentes?

Siempre me ha impactado profundamente la estética de las Super Nenas, Johnny Bravo, el Oso Yogi… a diferencia del resto de dibujos animados, estas series rezumaban diseño en todos sus fotogramas. Los personajes tenían unas formas y siluetas muy depuradas, hasta el punto de acercarlas a formas geométricas puras, casi como un ejercicio de cubismo. Los escenarios, al contrario que los personajes, no tenían línea, sino que estaba hechos íntegramente con mancha de color, y se diferenciaban los planos con el uso de texturas. Algo en todo aquello me hacía sentir que había un trabajo muy concienzudo detrás, algo que por ejemplo no siento (ni sentía) cuando veo dibujos 3D hechos 100% con ordenador (sin línea, tridimensionales, y completamente lisos, como si fueran figuras de porcelana, cabello y ropa incluidos).

Aunque el manga no tardó en infiltrarse en mi vida y acaparó (durante 12 años) toda mi atención y dedicación, siempre he seguido amando los diseños de Cartoon Network de los 90, que rescataban rasgos estilísticos de shows de los 60, como Los Picapiedra.

Con los años, y al presenciar el declive del manga en Occidente, he rescatado esas primeras influencias cartoon y he migrado a otros terrenos artísticos (como creo que les ha pasado a la gran mayoría de artistas de mi edad).

En cuanto a contenido o temas (de los dibujos), disfruto enormemente de los mundos creativos de Ryan Heshka (con un universo reinado por mujeres pin-up que te destrozarán la vida —y las piernas— si te cruzas por su camino), y de Mark Ryden (más conocido gracias a sus exposiciones internacionales, una de ellas en el sur de España, con su mundo infantil pero lleno de escenas perturbadoras, y con su obsesión por los filetes de carne).

También, como buen amante del cómic, siento debilidad por la cultura pulp (y cómics pulp, por supuesto), que con el tiempo lo hemos considerado una subcultura underground, o «de serie B». Los colores chillones, los rótulos monstruosos, las escenas violentas y excesivamente dramatizadas, y todo el imaginario alien/espacial de una vida futura con coches voladores en el año 2000, me enamoran. Consumo un gran número de películas de aliens de los años 50 y 60 a pesar de ser increíblemente horteras, porque amo la ingenuidad con la que contemplaban el futuro.

¿Cuál es tu proyecto favorito de entre los que has hecho?

Aunque lo paré al poco de empezarlo, diría que mi proyecto favorito es un webcómic titulado Clarence The Weirdo. Lo subí durante un tiempo en Line Webtoons e incluso publiqué un primer volumen en papel.

Trataba de un alien que estaba como estudiante de intercambio en el planeta Tierra, y sufría bullying y en el colegio por ser «el diferente». Además de gustarme porque esá basado en mi experiencia escolar, le tengo un particular cariño porque fue mi primer experimento fuera del manga, y no salió nada mal.

A nivel estético lo veo bastante consistente, tiene un mood muy claro, y el diseño del protagonista me parece bastante bueno. Disfruté mucho entintando con pincel, consiguiendo líneas tan gruesas y expresivas. El resultado es algo tosco, pero le daba el aire underground que yo buscaba.

Anteriormente (en mis años de universitario) publiqué un manga de tres volúmenes (en mis últimos años en este estilo), y podría haber dicho que este es mi proyecto favorito puesto que vio la luz, y durante años se publicó con una periodicidad muy buena, pero ya no me identifico con ese mundo creativo, así que Clarence se queda con el primer puesto (a pesar de su corta duración).

¿Estás trabajando en algún cómic o en algún proyecto más allá de la ilustración?

Clarence The Weirdo sigue siendo mi favorito. Lo dejé porque tenía inquietud por probar muchas cosas, y en aquél momento no estaba lo suficiente asentado mentalmente como para mantener este proyecto de publicación online durante años. 

Pero nunca he dejado de lado la idea de retomar Clarence y llevar este proyecto muy en serio, convirtiendo a Clarence en mi ‘Mickey Mouse’, por así decirlo.

Espero un día poder ver todo un universo creado alrededor de este alien, y ojalá la gente lo quiera mucho y le den cariño.He trabajado también en otro webcómic posteriormente a Clarence, Connections, un webcómic de ciencia ficción a todo color, para un concurso internacional. Completé cuatro episodios, pero su creación me consumía un tiempo y unas energías que no tenía (ya que tengo un trabajo fuera del dibujo). Lo tuve que dejar también.

Actualmente no estoy realizando ningún cómic, pero tengo el argumento de uno escrito casi al completo, y ya tengo algunas pruebas de diseño de personajes. Sería para sacarlo en papel, un tiraje pequeño bajo demanda, o pidiendo financiación a los usuarios de Internet, tipo SpaceMan Project o Patreon. No sé si funcionará, nunca he probado estas plataformas todavía. Ojalá que sí.

A nivel editorial la cosa está muy complicada y ya hace un tiempo que no les presento ningún proyecto. No sé si volveré a hacerlo en el futuro, de momento les dejo ese terreno a los youtubers.

¿Cuál crees que es tu punto fuerte como artista?

«Me pregunto esto cada día que dibujo. Ser artista no es fácil, te asaltan muchas dudas. A menudo mis lectores/seguidores observan que tengo un estilo muy particular y reconocible, así que he decidido creerles.»


Creo que mi punto fuerte es que me esfuerzo mucho en que toda imagen tenga un storytelling; es decir, que cuente algo, una historia, por más breve que sea. Los personajes estáticos, posando sin más o cuya indumentaria no cuente nada, no es mi estilo.

Hago un ejercicio consciente día a día de dotar a mis dibujos, personajes y diseños de una historia (clase social del personaje, gustos personales, pasado, presente, carácter, etc).

Además de esto, también trato de conferir a cada personaje de una silueta propia y muy reconocible, evitando reciclar caras y cuerpos con un simple cambio de «peluca» (esto es lo que me hizo alejarme del manga, aunque sigo amando este género). Del mismo modo, le doy mucha importancia al acting: que todo dibujo tenga una acción en desarrollo, que la postura de los personajes hable de ellos, que haya líneas de acción que guíen la mirada.

Trato de cuidar mucho el movimiento y la expresividad. Como me dijo un profesor: los personajes de dibujos animados/cómic no son como actores de cine que miran a cámara en un primerísimo plano expresando las emociones con el iris de sus ojos; son como actores de teatro, que deben gesticular lo suficiente como para que los vea hasta el espectador de la última fila.

A muchos artistas actuales se les ha olvidado la importancia del acting y la gesticulación , y por eso intento poner este valor en alza.

¿Algún reto como ilustrador?

Desligarme del uso de la línea. Como vengo del mundo del cómic, la tinta siempre ha tenido mucho peso en mis dibujos, pero estoy tratando acercarme a un enfoque más propio del mundo de la animación e incorporarlo al cómic: prescindiendo de la línea y dibujando directamente con manchas de color. Es un ejercicio complicado al principio porque normalmente entendemos que el acto de dibujar es trazar líneas y luego rellenar con color áreas delimitadas, sin salirnos. Dibujar con mancha de color es lo contrario: olvidarse de límites y de ‘no salirse de la línea’; al contrario, el color fluye libremente y él te lleva a formas y diseños que te sorprenden por el camino. Es un proceso de deconstrucción de la imagen bastante fuerte.

¿Qué dos libros recomendarías?

El talento de Mr. Ripley por un lado, y por el otro, La vida, el universo, y todo lo demás.

El primero, por la maestría que tiene la autora a la hora de construir una psicología clara y coherente para cada personaje. Domina la caracterización y conoce la importancia de dar un background nutrido al protagonista, y también a los personajes secundarios. Además, creo que tiene una sensibilidad especial para hacerte empatizar con las acciones de los personajes. El tratamiento de los mismos es muy humano, e incluso consigue que entiendas y no juzgues las razones que han llevado al protagonista a convertirse en alguien tan indeseable.

El segundo, lo recomiendo porque amo la ciencia ficción y creo que William Adams entendió este género con una profundidad inusual.  Normalmente las personas asociamos la ciencia ficción a la presencia de algún invento científico o al simple hecho de que el marco argumental sea el espacio exterior; tanto es así, que hay quien cree que le gusta la ciencia ficción por haber visto Star Wars (cuando en realidad es una historia que sigue la estructura argumental de una tragedia clásica —tipo La Odisea—, en una extraña fusión con aliens, que se ha bautizado como Ópera Espacial). 

La vida, el universo, y todo lo demás, en cambio, recoge el verdadero espíritu del sci-fi: presenta incongruencias sociales, posibles escenarios futuros distópicos, y pone sobre la mesa un complejo debate moral. 

El sci-fi siempre debería abrir un debate moral y no cerrarlo, y que los lectores al terminar el libro tuvieran que debatir qué es correcto y qué no lo es. 

La ciencia ficción es un género profundamente metafórico, que hace uso de escenarios, mundos y personajes a modo de alegoría, como simple herramienta para plantearnos un debate moral complejo. Los artilugios tecnológicos son un accesorio del escenario.

En esta novela, los personajes buscan el sentido de la existencia del universo y el resultado acaba siendo el número de una calle donde se encuentra un restaurante, o, por ejemplo, también plantea que la creación del universo tiene mucho que ver con las toallas, o bien que es un experimento que unas ratas están haciendo con los humanos en un laboratorio (invirtiendo roles). El autor pone de relieve que realmente no tiene sentido que nos planteemos cuestiones tan trascendentales que escapan a nuestra comprensión (y se ríe de todo el existencialismo humano).


Muchas gracias, Lucas, por colaborar conmigo y ayudarme a abrir esta sección.

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Clarence The Weirdo
Connections:

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¡Gracias por leernos!

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