«Ghostwriters»: fantasmas que escriben

ghostwriters - soy autor, pero mi libro me lo ha escrito otro

Los ghostwriters, también conocido como escritores fantasma son escritores por encargo que crean una obra que se firmará en nombre de otra persona. También se les conocía como «negros literarios», aunque se suele evitar la expresión dado su sesgo racista. En el acuerdo, además de firmar una confidencialidad férrea, se ceden los derechos y queda claro que el escritor de la obra no recibirá crédito ni reconocimiento por el trabajo. Todos entendemos lo que es un copywriter, por ejemplo, así que esto es parecido en tanto que hay encargos de escritura, pero a la vez hay muchas diferencias al estar hablando de obras literarias.

¿Ejemplos?

Solemos conocer los típicos casos en los que un grupo editorial recurre a contratar a alguien que «ayude» a una celebridad que quiere escribir un libro por el motivo que sea, normalmente porque hay un interés comercial y una demanda por un producto de la persona, o simplemente porque dicha celebridad manifiesta su interés por hacer un libro y no dispone de la formación necesaria para hacerlo en soledad. Os puedo ver frunciendo el ceño desde el otro lado de la pantalla, pero paraos a pensar un momento. Con una celebridad o con un influencer nos parece algo deleznable, ¿pero cómo os quedáis si os contara que escritores como Paul Auster comenzaron haciendo de ghostwriters? ¿O que Tom Clancy aparentemente seguía sacando libros incluso años después de su muerte y agradeció a algunos de sus escritores fantasma «su valiosa contribución»?

¿Ghostwriting o plagio?

A veces al hablar de los ghostwriters nos viene a la mente la idea del plagio, aunque no tienen por qué estar relacionados. Cuando se firma un acuerdo para hacer escritura fantasma, según diría la publicación de Trebolam, «el contratante está “usurpando” una idea […] que ha realizado otra persona». Se parte de que el contratante sabe que el libro llevará su nombre y que se le pagará a otra persona por escribir en la sombra. Eso sí, esa persona declara que su contenido es original, de modo que si vienen las acusaciones de plagio los tiros irían por ahí, por el robo del contenido de otros y por declararlo como propio. Cuando vivía en Reino Unido allá por 2014, salió a la luz que la YouTuber Zoella había tenido a una escritora fantasma, Siobhan Curham, para ayudarla a preparar su libro Girl Online, lo cual hizo que recibiera todo tipo de críticas al ser una YouTuber cuya seña de identidad era precisamente lo auténtica que era.

¿Y qué opinan quienes se dedican a ello?

En Internet podemos encontrar todo tipo de recursos sobre el ghostwriting, como por ejemplo, publicaciones informativas sobre cómo contratar a uno o plataformas de escritores dedicados a esta labor. El periódico argentino La Nación aporta una publicación muy interesante sobre la vida y el trabajo de estos ghostwriters. En ocasiones, les supone un negocio incluso más lucrativo que las obras de su propia autoría. Para algunos, «una vez publicado, si te he visto no me acuerdo»; para otros, mejor dejar «alguna frase» en el manuscrito para que se sepa quién lo escribió por si en algún momento el escritor tuviera que demostrar su autoría.

¿Dilemas?

Es lícito que surja el dilema moral o ético al hablar de esta figura de alguien que escribe para que otro se lleve el mérito. No obstante, en el caso de los ghostwriters «de verdad», es una transacción más: un encargo remunerado y apoyado en contratos bastante claros y restrictivos. Por mi parte, no le veo el problema si todo está claro desde el principio. Ahora bien, las cosas pueden complicarse cuando dentro de un proceso editorial con un autor, este insta a su equipo editorial a «cambiar cuanto quiera en su obra» o exige que «le mejoren el libro». A colación de esto, he visto algunos libros recientes en los que ya aparecen personas acreditadas por «la versión final del texto», lo cual deja un poco en el aire hasta qué extremos llegó su contribución.

Para terminar, me gustaría aclarar que con lo que escribo no pretendo atacar a la figura del escritor fantasma ni juzgar cómo alguien decide ganarse la vida. Tan solo quiero describir algo que es habitual y que a veces se confunde con mi trabajo dentro del mundo editorial. Como suelo trabajar con autores noveles, a veces se tiene la impresión equivocada de que quien revisa, corrige y orienta tiene la obligación de «cambiar lo que quiera», o de que su trabajo es «dejar el libro lo mejor posible», entendiendo eso como reescribirlo completo manteniendo la autoría original y obviando el trabajo editorial realizado. Llamadme loco, pero sigo queriendo pensar que quien tiene el valor de llamarse autor escribe sus propios libros. Al fin y al cabo, me gusta pensar que todos somos consecuentes ;).


A continuación os dejo los enlaces que he consultado:

Bersi, Fernando (13 de mayo de 2018). «La vida oculta de los escritores fantasma». La Nación.
Felsburg, Frank (2017). «Will the Real Author of Tom Clancy’s Books Please Stand Up?». Spoken and Written Words, LLC.
Flood, Alison (11 de diciembre de 2014). «Zoella’s ghostwriter Siobhan Curham speaks out about controversy». The Guardian.
Hunter Johnson, Lucy (8 de diciembre de 2014). «Zoella: Yes, using a ghostwriter matters when your whole brand is built on being authentic». Independent.
Mas, Arnau (24 de abril de 2017). «La cara B de Sant Jordi». Metrópoli Abierta.
Postedin (28 de octubre de 2016). «¿Qué es el ghostwriting? ¿En qué influye a un redactor freelance?».
Tregolam (14 de julio de 2017). «Cómo contratar a un escritor fantasma».
— (17 de octubre de 2016). «El escritor fantasma: la cara oculta de la literatura».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *