No estudies carreras de letras

Carreras de letras… Eso no vale para nada. Afirmaciones como esa nos persiguen a quienes hemos elegido ese camino. Antes de proseguir, me permito confesar que en esta publicación habrá un sesgo total y absoluto, por la parte que me toca. Os voy avisando ya. 

Soy alguien que ha estudiado una carrera que ya no existe: Filología Inglesa. Sí, existe el grado en Estudios Ingleses con sus mínores y demás, pero no es exactamente igual aunque lo parezca. La «boloñesa» montada durante la adaptación de los planes de estudios al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) es harina de otro costal. 

Mi historia 

A mis casi 31 años sigo teniendo dificultades para hacerme al sistema de «lo que se debe estudiar». Durante mi paso por el sistema educativo, saqué notas buenísimas que me abrían puertas en la dirección que quisiera. Recuerdo que incluso hice 4.º de ESO con Matemáticas B, Biología y Geología y Física y Química «por si acaso», por recomendación del profesorado. Por si acaso. Por si me daba por cambiar de opinión y pasar de estudiar Magisterio por Inglés, Filología o Traducción e Interpretación y decidía, de la noche a la mañana, estudiar para ser médico, abogado o ingeniero de cualquier especialidad. 

Salvo excepciones muy (muy muy) contadas, guardo un muy buen recuerdo de todo el personal docente. Independientemente de su especialidad, nunca noté que nadie quisiera influenciarme en demasía. Algún profesor era más insistente con sus consejos sobre cómo «alguien como yo» debía tirar por ciencias, pero en general no tuve demasiadas dudas. Y si las tenían, surgían a partir de las expectativas de otras personas y no de las mías. 

Carreras de letras: ¿Magisterio por Inglés, Filología o Traducción? 

La primera la descarté porque la Primaria no me apasionaba. En aquel entonces era una carrera de tres años. La tercera opción tuve que descartarla, de modo que finalmente me matriculé en Filología Inglesa y complementé los dos primeros años con más idiomas en libre configuración. Tenía tantas cosas encima que no había prácticamente tiempo de pensar. Pero a la vez estaba en mi salsa. 

Quería aprender idiomas, especializarme en uno y utilizarlo. Y eso es lo que fui haciendo. Al hacer el Erasmus elegí asignaturas de traducción que no tenía disponibles en mi universidad y así construí un plan de estudios bastante peculiar. Ese año con terminología, tecnologías de la traducción, traducción audiovisual y localización web fue extraordinario por muchos motivos. 

Valer para algo

No es descabellado pensar así cuando sabes que una carrera es una inversión tremenda y que, si no puedes obtener financiación mediante becas o distintas ayudas, puedes tener muchas trabas para costearte esos estudios. El estrés y la ansiedad, a mi parecer, son la base de la época universitaria. Sumémosle un plus de incertidumbre y, este año, una pandemia y tendremos un cóctel explosivo. 

Aquí aprovecho para hacer algo que odio: una autocita. En enero de 2013, cuando estaba haciendo el Máster en ELE, La Nueva España nos entrevistó a los mejores expedientes de la promoción. No me leeréis más hablar de mis notas. Aquí va mi autocita, porque creo que siete años y medio después se pueden matizar cosas. 

«El problema es que la sociedad, guiada en ocasiones por un pragmatismo patológico, tiende a clasificar los estudios en función de si «sirven» para algo o no. Puede que los estudios de Letras no curen enfermedades, pero intentan curar la ignorancia con reflexión crítica», apostilla Rubén Rodríguez, […] mejor expediente en Filología Inglesa. Igual de contundente habla cuando se refiere a su panorama laboral. «Los estudiantes de Letras, al igual que los de Ciencias, debemos tener en cuenta que la Universidad proporciona un bagaje teórico sobre el cual debemos construir nuestro perfil profesional. Con fuerza, tesón y una buena formación todo se consigue», dice. 

LNE, 28/1/2013

Pragmatismo patológico. Chico, Spanish Master’s getting into your brain. No niego que la universidad da ese bagaje, pero lo del pragmatismo patológico me chirría ahora que he vivido siete años más. Patológico. Entiendo lo que quería decir, pero más que una «enfermedad», el pensar en la utilidad de las cosas viene también por el sistema en el que vivimos, donde nos obsesionamos mucho con la productividad, el rendimiento y con que todo te reporte beneficios. Porque a la vez tienes inusitadas costumbres como comer y comprarte algo de vez en cuando.

«Los estudios de letras curan la ignorancia». «La sociedad». Que levante la mano la primera persona que haya usado «vivimos en una sociedad». We live in a society. Tanta ingenuidad y esperanza me parece hasta enternecedora, aunque entiendo perfectamente el contexto de este yo de 23 años. 

Lo que sí me gusta es la idea de «construir nuestro perfil profesional». Creo que es ahí donde radica el conflicto con las carreras de letras. En muchos casos, son estudios abiertos que requieren formación posterior especializada que te «ubique». No quiero decir que la gente de ciencias no lo haga, pero a las pruebas me remito: quienes se licencian en Filología (aludo al nombre antiguo porque es mi licenciatura) trabajan en campos como la docencia, el periodismo, la traducción e incluso los medios audiovisuales… 

¿Y adónde quieres llegar, chico? 

Pues bien, creo que con las carreras de Letras tenemos una dificultad añadida: pensar en construirnos un perfil profesional. Sobre todo si queremos evitar la docencia o el laberinto de las oposiciones. En un pasado no muy lejano, pensé en doctorarme y en dedicarme a la docencia universitaria. Pero si ya cuesta encontrar financiación para ciencias, ¿qué me hacía pensar que podría conseguir algo? ¿Cuántos años más debía estar en casa de mis padres? ¿Cuándo me llegaría el dinero (si me llegaba)? 

Hoy en día, con esa opción descartada, sigo construyéndomelo y formándome en distintos campos. Y para eso está esta página web, para que veáis todo. 

¿Qué te aconsejaría?

Si estás pensando en qué estudiar, mi principal consejo sería que pienses en el perfil profesional, en lo que te llena y en las opciones que tendrías para conseguir llegar donde quieres. A veces vas a equivocarte, vas a perderte y vas a acabar con la cabeza hecha un lío, pero lo único que es seguro es que este no es un camino de A a B en cuatro años. Analiza, valora, trata de escuchar a las voces de tu alrededor pero no las tengas todas en cuenta. Estudia posibilidades, imagínate posibles itinerarios y, ante todo, cuida tu salud mental. Ah, y no te olvides de ser realista con los recursos de los que dispones. No me considero ejemplo de nada, pero esto es lo que te puedo aportar con mi experiencia. 

La puntillita

Cierro esta entrada con cierta sorna. ¿Quién te traduce los libros que lees? ¿ O qué persona te prepara para sacarte el C2? ¿Quién te subtitula las series? ¿Qué profesional te defiende en un juicio? ¿Quién escribe en las revistas? ¿Quién traduce artículos médicos para que esos médicos puedan compartir su trabajo? Hay muchas preguntas más que podría plantear, pero te dejo espacio en los comentarios. 


¿Y tú? ¿En qué sector estás? ¿Acabas de entrar en la universidad o ha quedado ya atrás? ¿Carreras de letras o de ciencias? ¡Cuéntame!


2 pensamientos sobre “No estudies carreras de letras”

  1. Has dado en el clavo con todo. En mi caso, filóloga también, siempre fue el “serás profesora (universitaria) como tu padre, ¿no?”. Pues no. Porque efectivamente hay más salidas, que se tiene que buscar uno una vez acabas la carrera.
    Y ahora que (eventually) he estudiado Magisterio, la gente me habla de vocación. No es que haya sentido la llamada. Me encanta el trabajo pero no es mi vida (por suerte!).

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