Apuntes sobre el proceso de traducción

cuando traduces, ¿qué haces?

En la entrada de hoy, quería compartir algunos apuntes sobre mi proceso de traducción y mostraros una parte de lo que hago y de aquello con lo que me encuentro de vez en cuando. Lo que os contaré aquí surgió de una conversación en la que una amiga me preguntó qué hacía al traducir un libro.

Trabajo preliminar

Una vez que tengo una referencia de cuándo debo entregar la traducción completa, leo el libro que voy a traducir, sea este en papel o en digital, y voy anotando distintos aspectos: número de páginas, número de capítulos, estructura, temas que se tratan, presencia de vocabulario más o menos específico… Se trata de una primera lectura de análisis para ver qué me voy a encontrar y, a veces, para anticipar áreas en las que puede haber algún conflicto o confusión, o en las que puedan surgir dudas más adelante.
Esta primera lectura (y probablemente, también la segunda), me ayuda a encontrar también temas sobre los que deba documentarme un poco más.

Documentación y fuentes de consulta

La documentación va a variar mucho en función del libro que estés traduciendo. Por ejemplo, cuando traduje el libro sobre Jackie Kennedy de William Kuhn, además de los recursos que él tenía en su web y de alguna que otra ponencia, hizo falta mucha documentación adicional. Al tratarse de un libro en el que confluyen la danza, la historia, la política, la literatura y el arte, su temática cambiaba casi en cada capítulo, por lo que durante ese proyecto me hice muchas notas. Y cada uno de esos capítulos pasó por infinitas revisiones.

¡Primer borrador! ¿Y ya está? ¡NO!

«Una vez que he acabado el primer borrador, lo envío y se acabó», DIJO NADIE NUNCA 😉. No sé si otrxs traductores hacen esto, pero a mí me gusta dejar esos primeros borradores «en reposo» unos cuantos días. Cuando dedicas tanto tiempo a una traducción, puedes acabar tan enfrascado en el texto que eres incapaz de ver detalles que puedes pulir. En esa semana «de barbecho», suelo enviar el borrador a otro miembro del equipo editorial y comienza el intercambio de impresiones, marcamos dudas, posibles errores de dedo y demás.

¿Total libertad?

Cuando traduces, te debes al texto y tu trabajo es comunicar el mensaje del texto origen de la forma más efectiva posible. De todas formas, cada proyecto suele tener sus peculiaridades, y puedes encontrarte con restricciones que tengan que ver con el contenido. Algunos ejemplos pueden ser los nombres de los personajes, el número de caracteres por línea cuando el texto va integrado con ilustraciones… Sea como sea, la comunicación es clave en estas cuestiones para que quede claro el porqué de tus decisiones.

El componente creativo

Es muy raro que haya dos traducciones iguales, sobre todo cuando hablamos de textos de no ficción o de literatura infantil. Sobre todo en esta última, tenemos un componente de «transcreación» importante. El término transcreación es más habitual en el mundo publicitario y del marketing, pero básicamente tiene que ver con adaptar un mensaje de un idioma a otro, no tanto pensando en lo literal sino en lo que se comunica y cómo se hace.
Un buen ejemplo que os podría dar es el de mis traducciones de los cuentos infantiles de Madonna. En ocasiones, para preservar la forma en que se comunica la historia, con sus aliteraciones, juegos de palabras y demás recursos, uno tiene que devanarse los sesos bastante tiempo para encontrar opciones efectivas. A veces incluso se me ocurren varias traducciones, en cuyo caso las debatimos en equipo y las comentamos con el equipo responsable «al otro lado».

¿Y qué sacamos en claro de todo esto?


Pues que no se traducen palabras sino mensajes o ideas y que cada proyecto tiene sus características, restricciones y peculiaridades. Aún recuerdo una clase del máster en el que una profesora nos decía por activa y por pasiva que «no existe la equivalencia» y que «no se hacen las traducciones palabra por palabra». La excepción quizá sea cuando uno traduce manuales y vive en el Trados, supongo, pero para mí dicho programa de traducción forma parte del pasado.

Y como último apunte, os comento que tooooodo esto de lo que hablo ocurre ANTES de pensar siquiera en maquetar nada. ¿Cómo os quedáis?

Gracias por leerme.
Un abrazo,

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